Restaurar el románico es un ejercicio de paciencia y humildad. En templos como Sant Martí de la Cortinada, el día a día de Mireia y su equipo consiste en limpiar, consolidar y estabilizar fragmentos de piedra y de pintura que han sobrevivido al desgaste del tiempo. Su mirada, heredera de referentes internacionales como el arqueólogo Eudald Guillamet, no busca recrear lo perdido, sino honrar lo que permanece. La sensibilidad artística y el rigor científico se funden para garantizar que los pigmentos extraídos de las montañas andorranas sigan contando su propia historia.
Acompañamos a las restauradoras Mireia Tarrés y Mireia Vidal en su viaje desde el taller y los laboratorios de Patrimonio Cultural hasta el corazón mismo de las iglesias. A través de sus manos, descubrimos que la conservación es un acto de transmisión cultural: un esfuerzo colectivo para que estas "cápsulas del tiempo" no se desvanezcan. Al proteger la piel de estas iglesias, no solo salvan el arte, sino que preservan la luz y la identidad que definen el paisaje espiritual y social de todo un país.




